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¿Qué es la depresión posparto? Así se puede identificar


Uno de los problemas de salud mental más comunes después del embarazo es la depresión posparto, un momento en el que miles de mujeres dejan de disfrutar su maternidad y emoción por sus bebés, así como de otros aspectos de su vida diaria, pues la llegada de un nuevo miembro a la familia siempre supone muchos cambios en la dinámica diaria. Por otro lado, se sabe que durante y después de la gestación el cuerpo se enfrenta a otros cambios que incluso terminan por detonar enfermedades como la diabetes gestacional.


Es por ello que siempre se recomienda llevar un seguimiento médico durante y después del embarazo, así un profesional de la salud puede alertar a las nuevas madres o a sus familiares que está pasando por un cuadro de depresión posparto, pues si bien puede considerarse como un proceso "normal" al tener un bebé y durar de tres días a dos semanas, puede llegar a afectar el desarrollo de las mujeres e incluso la relación con sus bebés.

De acuerdo con los expertos, cuadros depresivos como estos no deben pasarse por alto, por el contrario, se debe buscar ayuda del área de salud mental para identificar qué es lo que está ocurriendo y ayudar a la madre a recuperar su energía, ganas de estar con su bebé o incluso de desarrollar otras tareas que pueden ser laborales o personales y que antes le provocaban emoción y tras el parto no encuentran la motivación para hacerlas.


¿Qué es la depresión posparto?

No existe una definición única para definir esta afección, como sí ocurre con otras enfermedades; sin embargo, una forma de entenderla es que las madres primerizas se pueden enfrentar a un sentimiento de melancolía tras dar a luz. Algunas señales para identificar que una madre podría estar pasando por este problema son cambios en el estado de ánimo, llanto, ansiedad, dificultad para dormir e incluso no sentir un vínculo con su hijo.


En lo que respecta a las posibles causas, los cambios físicos debido a una pérdida importante en los niveles de hormonas después del parto pueden contribuir a este periodo de depresión, asimismo, otras cuestiones emocionales como la falta de sueño, sentirse abrumada, ansiosa, sentirse poco atractivas y perder el sentido de la identidad también juegan un factor clave.


A pesar de ello, este periodo es más frecuente de lo que parece, ya que el tener un bebé no es una tarea fácil, pues supone muchos cambios en el estilo de vida para sus cuidados, además que emocionalmente las madres se enfrentan a una "mezcla de fuertes emociones", según detalla Mayo Clinic, y entre algunas de ellas se encuentra la alegría y emoción, así como el miedo y la ansiedad hasta finalmente terminar en la depresión.


Lo que se sabe sobre este problema es que normalmente se da durante los primeros tres días después del parto y extenderse hasta por dos semanas, en especial cuando se trata de madres primerizas, aunque en algunos casos se puede prolongar por más tiempo y llegar a afectar su vida diaria. Es por ello que en todos los casos se recomienda buscar ayuda de un profesional de la salud, que puede ser el médico de cabecera y quien puede recomendar algún psicólogo que ayude a tratar los síntomas de la depresión posparto, especialmente cuando se identifican sentimientos de vacío, pensamientos suicidas o rechazo y poca preocupación hacia los bebés.


Cabe destacar que desde el área médica advierten que "la depresión posparto no es un defecto de carácter o una debilidad. A veces, se trata simplemente de una complicación del parto", pero es importante destacar que los cuadros nunca se dan de la misma forma, pues varían de un paciente a otro, ya que los síntomas pueden ir de los leves a los graves. Es importante recordar que muchos de ellos también pueden iniciar durante el embarazo e incluso, en algunos casos, se dan hasta un año después del nacimiento.


Además de las señales anteriores, otros síntomas con los cuales se puede identificar esta afección es por un estado de ánimo deprimido o cambios de humor graves, llanto excesivo, aislamiento de familiares y amigos, pérdida o aumento en el apetito, problemas para dormir, fatiga y pérdida de energía, irritabilidad, pérdida del interés en actividades que antes se realizaban sin problema, desesperanza, dificultades de concentración o toma de decisiones, inquietud, ansiedad o ataques de pánico y pensamientos recurrentes de muerte o suicidio.


En lo que respecta a su relación con el bebé, puede tener problemas para relacionarse con él, no sentir cercanía, pensamientos de lastimarlo (o a ella misma), miedo a no ser una buena madre e ideas de inutilidad, vergüenza, culpa o insuficiencia. Es debido a todo esto por lo que se recomienda buscar ayuda profesional, pues lo que podría durar dos semanas se puede extender por muchos meses más.

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