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Conoce los oscuros secretos del Palacio de Lecumberri, la prisión más temida de todo México


Durante el periodo del Porfiriato, México experimentó grandes cambios en su centro, desde construcciones masivas hasta el embellecimiento de la misma; sin embargo, una obra sobresalió por encima de todas: el Palacio de Lecumberri.


Originalmente el centro penitenciario estaba pensado para los reos más buscados de México, llegando a ser, por más de 70 años, la cárcel más segura de Latinoamérica; sin embargo, la falta de prisiones y el aumento en la delincuencia, las celdas quedaron rebasadas y la seguridad se vio violada en múltiples ocasiones.

Sin embargo; en su época de oro, Lecumberri fue el temor de los delincuentes, y es que no era para menos, la construcción fue diseñada para torturar a los reos psicológicamente ya que no había espacio para la privacidad, la fachada fue construida con la finalidad de dar la apariencia de ser infranqueable, los espacios eran reducidos y el agua era escasa.


La capacidad original de este lugar era para 800 reos; sin embargo, al final de su funcionamiento terminó albergando 8 mil personas, por lo que desquiciaba a sus inquilinos en donde se vivieron varias peleas sangrientas por los espacios.


Los propios registros del palacio demuestran que eran tantos los prisioneros que incluso ocupaban los pasillos para albergarlos, pero la cosa no paró ahí, y es que para 1954 Lecumberri también sirvió como cárcel femenil y durante el sexenio de Miguel Alemán fue el sitio perfecto para encarcelar a sus opositores.


Así, rápidamente la gran fortaleza se volvió un espacio insalubre con exceso de reos y falta de comida, este último provocó la muerte de cientos de prisioneros, y es que debido a la falta de presupuesto, en ocasiones había días en los que los reos no probaban ningún alimento.


La celda 614 era la peor de todas pues se ubicaba detrás de las calderas y su estructura era metálica, por lo que su estancia ahí era sofocante.


Para 1968, la prisión recibió a dirigentes del movimiento del 68, los cuales estaban situados en las "jaulas", un espacio al aire libre en donde no había techo que los cubriera del sol, lluvia y viento.


Múltiples motines cobraron la vida de miles de personas; sin embargo, la misma corrupción hizo que la contabilidad de los muertos fueran maquilladas y que hasta la fecha no se sepa con exactitud quiénes y cuántos fueron.

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