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Natalia Lafourcade, enamorada de Juanga y José Alfredo


Los sonidos y raíces mexicanas han sido uno de los principales factores para que Natalia Lafourcade decidiera, desde que tenía 10 años de edad, dedicarse a la música. Para ella, Juan Gabriel y José Alfredo Jiménez fueron quienes la hicieron enamorarse de los escenarios y, con el paso del tiempo, el descubrimiento de diferentes compositores nacionales la hicieron abrazar, aún más, sus orígenes.


Desmarcándose de las tendencias que rigen la industria de la música, Natalia ha colocado, de una o de otra forma, los sonidos del son jarocho, el bolero y el mariachi, entre otros, en sus producciones. Primero por un gusto personal y segundo a manera de homenaje del lugar de donde viene.


Principalmente es el gusto que tengo por esta música, lo bonita que se me hace, lo especial y profunda que se me hace, el gusto que me da cantarla, interpretarla y descubrirla, conocerla.

Desde el momento que decidí homenajear la música de Agustín Lara, pues se empezó a abrir un camino para mí en la música y en el descubrimiento de compositores de cómo irlos reinterpretando, ya se ha convertido en mi escuela, en algo que constantemente me gusta hacer y que sin duda seguiré haciendo”, compartió la compositora en entrevista telefónica con Excélsior desde Veracruz.

Es el amor por la música y sus orígenes lo que ha llevado a la cantante a no sólo tomar esos sonidos y colocarlos en su música, sino también en darle algo de vuelta. Así es como tuvo la idea de Un canto por México, su nueva producción discográfica con la que, además de ayudar a reconstruir el Centro de Documentación del Son Jarocho, hace un homenaje a su mexicanidad.


El proyecto trata de enaltecer nuestra belleza como mexicanos de celebrar nuestra mexicanidad con canciones muy conocidas, muy tradicionales, en formato muy regional mexicano mezclando géneros como el son jarocho, el ranchero, como el norteño, la cumbia, la polca ranchera, el bolero, en fin, se ha convertido en algo muy rico y muy profundo y muy placentero de hacer”, comentó.


Un canto por México tiene su origen hace poco más de dos años, cuando este centro cultural sufrió daños con los sismos de 2017; Natalia decidió que a través de la música podía ayudar a la reconstrucción e ideó un concierto que se llevó a cabo en noviembre de 2019.


Fue a la par de este show en el que la cantante y sus invitados —Jorge Drexler, Pepe y Ángela Aguilar, Aida Cuevas, Carlos Rivera, Café Tacvba, Panteón Rococó y Mon Laferte— entraron al estudio para grabar esta nueva producción de dos volúmenes y que ayer tuvo su estreno el número uno.


La verdad la experiencia del concierto y compartir con todos ellos en el estudio fue muy bonita. Fue muy rápido todo también, todo sucedió en la misma semana que ensayamos para el show, estábamos grabando el disco, teníamos dos estudios en Sony, el A y el B en acción. De un lado de la cabina estábamos grabando el disco y del otro lado ensayando el show, eso fue maravilloso, fue una experiencia muy mágica, muy especial.


El disco se impregnó de toda la adrenalina previa del concierto y durante el concierto, pero no todo el disco lo terminamos a la par del concierto, hicimos el show y después continuamos con el disco que puedo decir que vivió el proceso de cocinarse a fuego lento, eso nos llevó a tener un disco tan bonito, con tanta calidad y que sea tan profunda la música. Me gusta decir que está hecho en comunidad donde la presencia de Los Cojolites fue muy importante porque imprimieron su esencia musical dentro del álbum y eso es algo que distingue a este trabajo también”, señaló.


Natalia —quien en este álbum incluyó Una vida y Mi religión, ambos de su autoría y que interpretó ayer vía streaming en la serie Música entre Brothers— aún no sabe cuándo lanzará el segundo volumen del álbum ya que no se ha terminado la mezcla del mismo.

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