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Mucho tiempo sentadas, triplica el riesgo de mortalidad cardiovascular en mujeres mayores de 50


La reciente publicación en la Revista Española de Cardiología (REC) sobre un estudio que asegura que existe una relación directamente proporcional entre ciertos hábitos nocivos y la mortalidad cardiovascular en mujeres mayores de 50 años arroja luz sobre un problema social que arrastramos desde hace mucho: el sedentarismo.


El doctor Vicente Bertomeu-González, uno de los autores de dicho estudio, explicó que para abarcar la temática desde un punto de vista práctico se hizo varias preguntas:

¿Cómo afecta al corazón? ¿Se pueden revertir los daños?. El estudio revela que los tres factores externos (y por tanto modificables) que inciden en mayor medida en el riesgo de mortalidad cardiovascular en mujeres en edad menopáusica son, en orden de importancia, la inactividad, el tabaco y la insuficiente ingesta de verduras.


¡No estés todo el día sentada!

De esta forma, se estipula que es tres veces más probable la muerte cardiovascular entre aquellas mujeres cuya jornada se basa en el reposo frente a las que en su día a día realizan actividades que entrañan cierto esfuerzo físico, por mínimo que sea. Claro que la cuestión es esa: moverse. ¿El problema? Que no lo hacemos.


Y es que la comodidad nos puede en la mayoría de las ocasiones. Aunque Bertomeu matiza: el deporte es importante, pero tener una rutina diaria en la que el individuo haga algo más que meramente quedarse sentado es más trascendente que ir al gimnasio dos veces por semana.


En este sentido, los trabajos de oficina influirán en gran medida: en este tipo de profesión no estar sentado no es una opción.


Lo que ya sabemos del tabaco y las verduras

Como antes se mencionaba, el segundo factor que incrementa en mayor medida el riesgo de muerte cardiovascular en mujeres en el rango de edad indicado es el tabaco. Las mujeres fumadoras tienen un 81.6 por ciento más de probabilidad de morir por esta causa que las que nunca hayan fumado.


En el tercer puesto encontramos el consumo de verduras frescas. Esto se traduce en el incremento en un 75,8% de probabilidad de muerte si no se contempla en la dieta al menos el consumo de verduras frescas más de tres veces por semana.


El doctor José Antonio Quesada, otro de los partícipes en el estudio, hace hincapié en el hecho de que, dentro de las variables sociodemográficas, la edad es la única que presenta diferencias en el riesgo de muerte. Pero además de la edad, Bertomeu añade factores que también pueden incidir en las cifras como son la hipertensión arterial, el azúcar, el colesterol.


Por eso el estudio contemplaba el seguimiento de 5 mil 953 mujeres entre 50 y 103 años con diferentes patologías, como son la hipertensión arterial (padecida por un 42 por ciento de las participantes), la hipercolesterolemia (34 por ciento) y la diabetes (14 por ciento). La selección de esta muestra no es aleatoria: la meta era que las cifras fueran representativas para toda España.


Pero más allá de los resultados del estudio, conocer los estragos de este tipo de hábitos es esencial. El estudio aporta cifras importantes que visibilizan la necesidad de tomar cartas en el asunto. Porque el que paga las consecuencias es nuestro cuerpo.

En qué medida afecta al corazón y ¿se puede revertir el daño?

La consecuencia de este tipo de hábitos diarios es lo que conocemos como arterioesclerosis, el endurecimiento y obstrucción de las arterias del sistema circulatorio, que es la causante de los ictus e infartos, entre otras cosas.


Pero, que no cunda el pánico. Puede revertirse el daño. Aunque en cierta medida y no siempre de forma completa. En el caso de no haber sufrido un infarto o ictus, podemos mantener la viabilidad del sistema circulatorio para evitar que se llegue a desarrollar. Es decir, que se puede prevenir siempre que se empiece a tiempo. Pero lo principal es eso: atajar los malos hábitos cuando todavía se está a tiempo.

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