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La pandemia evidencia las carencias de salud mental


Esa sensación de desasosiego que posiblemente tengas en este momento, la desorientación, el miedo que se aviva por la noche, la impotencia, la opresión en el pecho, existe un término médico para eso. Los profesionales de la salud mental lo llaman trastorno de adaptación, o síntomas que aparecen en personas que tienen problemas para hacer frente a la vida cotidiana a causa de un cambio o pérdida importante.


La vida durante una pandemia ahoga incluso a los más resilientes en nuevos niveles de estrés. Al parecer el cierre de escuelas y trabajos en el mundo podría prolongarse. La volatilidad de los mercados y la pérdida repentina de empleos suma inseguridad económica. Mientras tanto, las tasas de infección por COVID-19 aumentan exponencialmente, creando preocupaciones sobre qué actividades diarias son seguras.


Para aquellos con mayor riesgo de complicaciones o que ya están enfermos, existe el temor de enfermar o empeorar. En los peores casos, está el dolor de perder seres queridos.


El coronavirus ha alterado cómo funcionan nuestras mentes. “Constantemente recurrimos a experiencias pasadas para hacer predicciones sobre el futuro”, dice Mimi Winsberg, psiquiatra y cofundadora de Brightside, un servicio de telemedicina dedicado a la salud mental.


“Esa característica de nuestros cerebros está funcionando a toda marcha, por así decirlo, porque muchas de las cosas que hemos aprendido a anticipar son repentinamente diferentes. Estamos tratando de adaptarnos a nuevas reglas y circunstancias”.


Estados Unidos, por ejemplo, ya atravesaba una crisis de salud mental incluso antes del COVID-19. Las tasas de suicidios y sobredosis han aumentado en los últimos años. En 2017, unos 17 millones 300 mil adultos en el país tuvieron al menos un episodio depresivo grave. A pesar de que la ley exige que las aseguradoras cubran la atención psicológica, rutinariamente niegan reclamaciones o limitan la cobertura. Y muchas personas ni siquiera buscan ayuda: un informe reveló que la vergüenza hacen que el 80 por ciento de las personas no estén en tratamiento.


El COVID-19 puede empeorar las cosas. Las personas no solo están aisladas del tratamiento, sino también unas de otras. En EU más de una cuarta parte de la población vive sola, y los estudios han relacionado la soledad con el abuso de sustancias y los trastornos de ánimo. Otras han quedado recluidas con parejas abusivas o viven en relaciones tensas. Aquellas que lidian con una adicción podrían recaer. “De la misma manera que no sabemos cuántos portadores asintomáticos del coronavirus necesitarán atención, vemos lo mismo en la salud mental”, dice Winsberg. “De todos los que estamos batallando para adaptarnos a las circunstancias, algún porcentaje en realidad se manifestará en ansiedad o depresión”.


La demanda de terapia a distancia ya se ha disparado. Talkspace, el servicio de terapia en línea respaldado por el icono olímpico Michael Phelps, ha aumentado 65 por ciento desde mediados de febrero. Neil Leibowitz, director médico de Talkspace, cuenta que la compañía también se ha visto inundada de consultas de empresas que desean implantar el servicio para sus trabajadores, muchos de los cuales hacen malabarismos con las tareas de crianza a tiempo completo además de sus trabajos. Brightside, una aplicación que ofrece tratamiento y medicamentos para la ansiedad y la depresión, ha visto un aumento del 50 por ciento en nuevos usuarios desde el comienzo del trimestre.


Mientras que Big Health, una compañía terapéutica digital, libera programas gratuitos con técnicas cognitivas y conductuales para combatir la falta de sueño y la ansiedad. Más de 50 empresas se han registrado, o ampliado el uso de sus programas, incluidas firmas como Nike, Target y HEB.


La Asociación Estadounidense de Psiquiatría considera que las sesiones en video son “equivalentes” a la atención en persona en términos de diagnóstico, tratamiento, calidad y satisfacción del paciente. Sin embargo, el seguro no siempre ha cubierto ese frente.


Ante la demanda y una posible epidemia de salud mental, las aseguradoras luchan por hacer cambios. Aetna ofrece telemedicina sin copago, incluida la atención de salud mental, hasta el 4 de junio. La aseguradora también ha relajado sus reglas para permitir la terapia telefónica y en video y ahora reembolsa servicios adicionales como el tratamiento ambulatorio intensivo virtual para enfermedades como el trastorno por consumo de sustancias. UnitedHealth Group, la aseguradora más grande de EU, ofrece atención sin costo para el manejo de ansiedad y estrés mediante una aplicación llamada Sanvello y permitirá a los proveedores tratar a los pacientes por video o teléfono hasta el 30 de abril. Anthem no aplica copagos y coseguros para las consultas de salud mental y conductual con LiveHealth Online.


El gobierno federal también ha relajado algunos de sus estándares de privacidad. En marzo, el Departamento de Salud y Servicios Humanos anunció que no impondría sanciones a los proveedores que no puedan cumplir con la normativa HIPAA (que rige la confidencialidad y privacidad de la información del paciente) en la emergencia por COVID-19. Y, por el momento, los terapeutas pueden tener sesiones utilizando servicios gratuitos, como FaceTime, Google Hangouts o Skype. El gobierno advirtió que plataformas como Facebook Live y TikTok no deberían ser utilizadas por los proveedores de salud mental.


Como hemos visto en otras partes del sistema de salud en EU, la repentina y creciente necesidad de atención ha rebasado los servicios de salud mental. “La demanda ha aumentado en el tema de la salud mental de los estadounidenses, y la oferta no ha cambiado de manera significativa”, explica Ken Duckworth, director médico de la Alianza Nacional sobre Enfermedades Mentales.


Históricamente, los profesionales solo podían atender a pacientes en los estados donde tenían licencia, pero hoy los gobiernos locales trabajan para relajar esos requisitos. Sin embargo, cada localidad tiene sus propios permisos, lo que hace que compañías como Talkspace tengan que librar varias regulaciones.


“Tenemos que monitorear cuatro comisiones diferentes con cuatro series de regulaciones diferentes en cada uno de los 50 estados”, dice Lindsay Henderson, directora de servicios psicológicos en AmWell, un importante proveedor de telemedicina. La empresa trabaja con más de dos mil hospitales y más de 50 planes de salud y ofrece atención remota de salud mental prestada por trabajadores sociales independientes con licencia, psicólogos, y consejeros matrimoniales y familiares profesionales. “Estamos marcando la pauta con mucho cuidado y de manera muy conservadora y asegurándonos de verificar cada cambio de regulación para cada estado antes de hacer cualquier cambio en la forma en que nuestra red presta el servicio. Es muy laborioso”.


No todos los problemas de salud mental pueden abordarse de forma remota y las personas que necesitan un tratamiento más práctico podrían quedar en el desamparo.


Duckworth es voluntario en un programa de psicosis temprana que tuvo que cerrar debido al COVID-19, lo que obligó a los pacientes a encontrar otras opciones. Y conoce el caso de un pabellón de psiquiatría que tuvo que dejar de aceptar pacientes después de un diagnóstico positivo de COVID-19. Hay personas que necesitan terapia electroconvulsiva o servicios hospitalarios que podrían suspenderse por la contingencia.


“No es realmente un sistema”, dice sobre la infraestructura de salud mental de EU. “Es un mosaico de personas con políticas bien intencionadas que intentan brindar una gran cantidad de servicios a una gran cantidad de personas en una estructura de pago variada y compleja. Es todo un desafío”.

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© 2020 ZECTOR51 . Creado por Caro Ramírez

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