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La Guelaguetza y la diversidad cultural oaxaqueña

Foto del escritor: Zector 51
Zector 51
20 jul 2021
4 min de lectura

Oaxaca está enclavada en un gran valle, limitado por la Sierra Norte y la Sierra Sur, en él se encuentran las tierras, altas y planas, a éste se le unen otros tres valles; Ocotlán “Lachiróo”, Ejutla “Lubizáa” y Tlacolula “Guiah-baac”, que en conjunto les llamamos los Valles centrales; tierra de “Fecundidad y abundancia” por estos Valles desde hace 10 mil años, han pasado nómadas en grupos o pueblos hacia el sur siempre provenientes del norte, en busca de mejores tierras, frutos y caza de fauna silvestre.


Hoy la migración es sur-norte lo que significa un retorno, en busca de subsistencia, aquí en este territorio de Mesoamérica fue donde brotaron y se aclimataron los hermanos gemelos, rubio el uno y negro el otro, que, cultivados estos granos con amor, fueron el maíz “Xoobaa” y el frijol “Bizaá”, el milenario sustento de Mesoamérica, sagrados y divinos.


Pasaron los siglos y con el tiempo surgió Monte Albán el “Dani Dipáa”, fue en el primer milenio A.C. ya en el año 500 se contemplaba en el edificio “P”, el equinoccio del 8 de mayo, ubicado en la parte sur a un costado del edificio de los Danzantes y el “J”, el observatorio.


Fue una ciudad fundada por los olmecas y lograda por los zapotecas, con una macroplaza y un trazo perfecto, fue en este sitio donde se perdió el temor a la piedra, donde se conoció la medicina, los ZAAE al optar por los señoríos abandonan esta gran ciudad y surgen San José el Mogote, Yagul, Lambityeco y Mitla, así como Teotitlán y Teitipac.


A la llegada de los peninsulares en 1521, los Zapotecos vivían en Teozapotlán, hoy Zaachila y los Mixtecos en “Ya ha zuco”, hoy Cuilapam, quienes estaban enfrascados en una guerra, y cuya paz fue concertada con las ceremonias y la solemnidad castellana.


Los mexicas asentados en la antigua “Luu Láá” al pie del “Dani Lao Naayaala oni” (Cerro de la bella vista) le ponen por nombre Huaxyácatl, que en mexica es (en la Nariz de los guajes); fue en el año de 1486 que los mexicas con motivo de la dedicación al templo mayor de Huitzilopochtli, en la gran Tenochtitlán que se efectuó el día 7 A’ACATL (1487) que previamente iniciadas las conquistas al sur del imperio en cuatro años de continuas guerras lograron reunir 70 mil prisioneros (zapotecas, tlapanecas, huehotzincas, atixcas y xiuhcoaques) y durante cuatro días fueron inmolados en un “bárbaro sacrificio”, consagrando así el gran Teocalli (residencia de la Divinidad) en la cosmogonía mexica.


Desde ese año de 1486 –año negro en nuestra historia– los templos zapotecas fueron tomados para las divinidades mexicas, así como también ocuparon las casas de los zapotecas que 35 años después se repetiría, el desalojo cuando el Castellano, después de oficiar su primera misa bajo el “Huaje Milenario” toma las casas para ellos, con Francisco de Orozco, aquel 25 de noviembre del año del señor de 1521.


Toda la cosmogonía zapoteca fue borrada y sustituida por la mexica –entre las deidades una era importante Centéotl “Diosa de las mieses y de las simientes y legumbres”–, eligiendo para ello los xochimilcas un lugar en la parte norte y formando su barrio, muchas fiestas hacían con danzas, más una de ellas, la del octavo mes de su calendario es la que se verificaba el 16 de julio de nuestro calendario.


Realmente era extraordinaria la fiesta de los señores, consistía en la elección de una doncella, a la que honraban con sahumerios, sacralizándola y sacrificándola en la oblación, después de una semana de su elección; con ello lograban la personificación de “Xilonen” –Diosa del maíz tierno– logrando así sus buenas y abundantes cosechas en sus sementeras.


Toda esta representación desapareció con la evangelización de las órdenes mendicantes sobresaliendo “Los Dominicos”.


La costumbre en el virreinato se transformó en “Los Lunes del Cerro”. En julio el pueblo entero subía al cerro como sus padres lo habían hecho y lo siguieron haciendo sus hijos por tres siglos; la costumbre consistía en subir toda la familia con sus viandas y lo hacían muy temprano como un almuerzo, después caminaban cortando “Azucenas” flores blancas y pequeñas que crecen en forma silvestre, luego por la tarde acudían al templo, una antigua Ermita que bajo la advocación de la Virgen del Carmen se construyó en 1700.


Lo curioso es que la gente estrenaba su ropa nueva para ese paseo al cerro y para visitar a la imagen de la festividad, así como para participar por la noche y al día siguiente en la procesión; sin embargo, ese día y al siguiente invariablemente llovía, por lo que se vivía el llamado “remojo del estreno”.


Los Lunes del Cerro, a partir de Homenaje Racial, se constituyó en una “Guelaguetza”, fue en el año de 1932 que para la celebración del IV centenario en la que la Villa de Antequera fue elevada al rango de ciudad, un 25 de abril de 1532. No era para menos y el comité eligió a una “Señorita que se distinguía por su Belleza” como la Reina, quien recibió el saludo y la pleitesía de las siete regiones, incluida la del valle: invitadas todas estas por el gobierno del estado, que presidía el Lic. Francisco López Cortés.


Esta fue la primera Guelaguetza que se celebró teniendo como escenario “La Rotonda de la Azucena”, repitiendo año y medio después en noviembre de 1933, y así sucesivamente con altibajos y con perfeccionamiento, se llegó al espectáculo que hoy constituye la máxima fiesta de América bailes que son ritmo y sentimiento, música rítmica suave y melodiosa, coloridos chillantes hechos vestidos y como una Babel, lenguas de los 16 grupos étnicos e historia reunido todo esto en una exaltación del pasado, en la Guelaguetza en el marco de las fiestas de los Lunes del Cerro.


Son a la fecha 88 años de un Homenaje Racial, que este año como el anterior, no serán presenciales por la pandemia, pero habrán de admirarse el lunes 19 y en la octava, el día lunes 26, a través de Corte V, la Televisión de Oaxaca y los portales que para ello preparó la Secretaria de Turismo y Cultura del gobierno del estado de Oaxaca.


Hoy, Oaxaca, próxima a cumplir 34 años de haber sido declarada “Patrimonio Cultural de la Humanidad”, espera a todo México con un abrazo fraternal.

 
 
 

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