Estamos en 

Logopresidionegro (2).png

Periódico

  • Zector 51

La Condesa, encantos y contraindicaciones


Generalmente cuando se habla de “La Condesa” se podría pensar que es una sola colonia cuando en realidad son mínimo tres, si no es que cuatro: Condesa, Hipódromo, Hipódromo Condesa y Roma Norte.


La primera, junto con la Roma Norte, data de la primera década del siglo XX y juntas, son las más cercanas al Metro Chapultepec y en ambas también, es donde todavía sobreviven algunas casas eclécticas.


La Hipódromo, que fue resultado de la demolición del antiguo Hipódromo de la Condesa y que en la traza realizada por los arquitectos y urbanistas José Luis Cuevas y Carlos Contreras en 1926 quiso rememorar ese antecedente a través de los circuitos de Ámsterdam y Avenida México, que refieren la pista del Hipódromo, quedando al centro el Parque General San Martín, más conocido como el Parque México.


Y la Hipódromo Condesa desarrollada a partir de los años 30 hacia el sur poniente, por el Metro Patriotismo. Un desarrollo urbano de gran expansión que se originó desde 1860, después de la promulgación de las Leyes de Reforma y que abrió el mercado del suelo urbano.


Una Ciudad de México de la primera mitad del siglo XX que crece a partir del desarrollo industrial y de la implantación de nuevos lenguajes arquitectónicos como el neocolonial, colonial californiano, art déco y racionalismo/funcionalismo, es decir, nuestra entrada a la modernidad.


“Las Condesas” se encuentran en un sector del poniente de la Ciudad de México, zona abundante en vegetación y agua en su origen, por lo que desde el principio se dirigieron a grupos sociales de mayor capacidad económica y su cotización siempre ha sido alta, con algunos momentos de crisis, como fueron los sismos de 1985 y 2017, que tuvieron fuerte impacto en la zona. A pesar de eso, “las Condesas” han sabido recuperar su rentabilidad y apenas cinco años después del terremoto del 85, se inicio un proceso de gentrificación que no ha parado, ni con el sismo de hace cuatro años.


Restaurantes que rebasaron los limites del espacio interior de los locales, invadiendo las aceras, con alguna resistencia de los vecinos al inicio, pero que finalmente se ha mantenido como referencia a muchas de las terrazas europeas, que aprovechan las bondades estéticas del entorno. Y a eso se agregaron boutiques, galerías de arte, cafeterías o “cafebrerías” y hasta bares y centros de espectáculos.


En este sentido cabe resaltar el caso del Plaza Condesa, edificio maldito diseñado por Francisco J. Serrano (1900-1982) en los años 50, pero que demoró su construcción hasta principios de los 60, funcionando básicamente como cine. En 2010 cuando lo toma Ocesa, El Plaza revive como un gran centro de espectáculos, bajo proyecto de Héctor Esrawe y Antonio Muñohierro.


El sismo de 2017 provocó desasosiego a los vecinos cercanos que vieron, según ellos, fracturas que amenazaban su desplome, no obstante, una inspección de especialistas negó esa versión y después de un tiempo, el recinto retomó sus actividades con los conciertos que atraían a multitudes. Finalmente, entre la pandemia y un nuevo dictamen, El Plaza Condesa fue declarado de alto riesgo y cerró definitivamente en mayo de este año.


Desde la primera década de nuestro siglo, y precisamente en los alrededores del Plaza y del Mercado Michoacán, empezaron a surgir foros, bares y espacios con música en vivo, advirtiéndose una mudanza de la vida nocturna de la ya desde entonces decadente Zona Rosa a este sector urbano que se puso de moda en la ciudad.


Esto ha provocado conflictos viales, falta de estacionamientos, inseguridad y pérdida, en muchas zonas de “las Condesas”, del sentido de barrio que había permanecido, a pesar de todo, hasta mediados de los años 90 del siglo pasado.


Y a propósito del Plaza Condesa, en su condición original de sala cinematográfica, habrá que referir otros cines en la zona que por muchos años fueron referentes de entretenimiento en el barrio. El primero de ellos es el Lido, inaugurado en 1942 en la esquina de Tamaulipas y Benjamín Hill, a partir de un proyecto del arquitecto estadounidense Charles Lee, y convertido en Bella Época en los años 70, hasta cerrar a principios de los 90. En 2006, el arquitecto Teodoro González de León, vecino de la zona, lo recuperó como Centro Cultural Bella Época.


Otro cine más, fue el Ritz de 1948, que se ubicó en Yucatán 21 y que fue rebautizado en 1972 como Gabriel Figueroa; sobrevivió hasta los 90 y terminaría cerrando años después: hoy es un estacionamiento.


Por último, el cine Las Américas de 1952, que estuvo en la esquina de Insurgentes y Baja California, con proyecto del arquitecto José Villagrán García, y que fue concebido ya como un conjunto comercial, que además del cine contaba con locales, un restaurante y oficinas. Después de dividirse en tres salas en los años 90, en 2012 fue intervenido para convertirlo en el Auditorio BlackBerry, proyectado por Estudio Atemporal.


De paseos, parques y arquitectura

Si algo caracteriza a “las Condesas” es su abundante vegetación en calles, paseos y parques. Los camellones de las avenidas Ámsterdam, Tamaulipas, Mazatlán, Nuevo León, Veracruz, Alfonso Reyes y Benjamín Hill, junto con las glorietas Citlalteptl, Iztlazihuatl y Popocatépetl conforman, junto con los parques España y México, un sector urbano donde la caminata y el paseo en bicicleta se pueden realizar a través de un paisaje de jardines, andadores, fuentes, ciclovías, bancas y árboles frondosos.


Del Parque México cabe resaltar que contiene un pequeño lago para patos, estanques, el gran teatro al aire libre Coronel Carlos A. Lindberg, con su escenario, pérgolas y fuente de acceso, una torre de radio, bancas y señalamientos originales de 1927, que invitan a los visitantes a cuidar el parque y tener “buen comportamiento”.


En cuanto a ejemplos relevantes de arquitectura, “las Condesas” ofrecen desde las casas eclécticas que sobreviven en las esquinas de las calles de Guadalajara y Parque España, y en Guadalajara y Durango, hasta los departamentos Condesa en avenida Mazatlán, del mismo estilo, aunque con aires ingleses, todos realizados en los años 20.


Al fundarse la Hipódromo, en 1927, el neocolonial, colonial californiano y art déco estaban de moda y fueron los que predominaron en los años 30 y principios de los 40, aunque el racionalismo/funcionalismo también emergió como impronta de modernidad y que se erigió dominante hasta los años 60.


Sobresalen algunas casas y edificios art déco de Francisco J. Serrano, con el Basurto como ejemplo más significativo. Los hermanos José y Ernesto Buenrostro, así como Juan Segura, también son autores de edificios de un déco muy sutil y elegante en los alrededores del Parque México. De Luis Barragán, en su etapa funcionalista, sobresalen un par de casas en avenida México y otras en las avenidas Nuevo León y Mazatlán.


Mario Pani realizó un pequeño edificio interesante en la curva que se crea en Parque España. Todavía en la etapa del funcionalismo sobresale el edificio Aristos, de 1961, del arquitecto José Luis Benlliure y ubicado en Insurgentes y Aguascalientes, con sus líneas sinuosas que recuerdan tanto a Gaudi como a la arquitectura brasileña de la época. Del momento actual resalta el arquitecto Javier Sánchez, autor de varios edificios en la zona que, con una actitud positiva, se integran al entorno.


De encantos y contradicciones, así se nos presenta este sector de nuestra gran Ciudad de México. De los pocos lugares disfrutables para caminar en la urbe, pero también con riesgos latentes de perder su equilibrio ambiental y patrimonial, que se sostiene con pinzas.

1 vista0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo