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  • Foto del escritorZector 51

La colonia Nápoles, de hacienda a rancho y luego a moderno vecindario


No cabe duda que cada barrio y colonia de esta enorme urbe encierra una gran historia sobre sus orígenes, sus primeros pobladores, su traza.


En esta ocasión nos dimos a la tarea de investigar los inicios de la colonia Nápoles, lo cual nos remonta a un interesante recorrido por el pasado a través de ranchos y haciendas que hoy únicamente quedan en el recuerdo

Una huella remota de la zona es el Rancho de Nápoles, un anexo de la Hacienda de San Francisco de Borja, en manos de europeos desde que la ley lo permitió a mediados del siglo XIX, de acuerdo con la historiadora María del Carmen Reyna (INAH).

Nació de la desintegración de Haciendas

Tres extranjeros participaron en la división y desintegración de las haciendas del área: Juan de Dios Pradel, de raíces chilenas, y los ingleses Enrique Marcial Beale y Francisca Julia Willie.


En el caso de la colonia Nápoles, el próspero empresario Juan de Dios Pradel, dedicado -entre otros negocios- a las ventas en los famosos cajones de ropa en el Centro de la ciudad tuvo un papel determinante en el destino de lo que sería la colonia.


Ya asentado en la capital, se casó en 1839 con María del Refugio Herrera, quien heredó de su padre, Antonio Herrera, la Hacienda de San Borja. Esta hacienda es importante porque abarcaba los ranchos de la Castañeda y Nápoles.


De acuerdo con Reyna, cuatro años después, tras comenzar a administrar esas propiedades, Pradel conservó algunos arrendamientos y el resto de la tierra lo destinó a cultivos variados y cría de ganado. Su producción le permitió abastecer de carne y leche a mercados cercanos e incluso a la Ciudad de México.


Al paso del tiempo el empresario notó que la Hacienda de San Francisco de Borja estaba a punto de la quiebra por los altos impuestos a pagar y por la falta de mano de obra calificada; así, en 1844 decidió arrendar el rancho Nápoles a Francisca Julia Willie.


Acerca de esta nueva arrendataria, Reyna comenta que era una londinense acomodada que contrajo matrimonio con Juan Willie, y que juntos recorrieron muchos países, de los que adquirió nuevas costumbres y, por curioso que suene, aprendió de desarrollo urbano.


Sin embargo, al venir a México ya habían gastado buena parte de su fortuna, de modo que cuando Francisca quedó viuda compró un hotel en la Ciudad de México, que se dedicó a y administrar.


Tiempo más tarde arrendó el rancho de la Nápoles a Pradel por 600 pesos anuales. La entrada de este rancho estaba en la Calzada de la Piedad y se extendía a lo ancho de 86 hectáreas. Fui ahí donde Francisca intentó innovar en lo urbanístico: la creación de un pueblo “modelo”.


La zona entonces se encontraba a las afueras de la capital, contaría con grandes terrenos ventilados, y estaría conectado con importantes vías de acceso a la ciudad.

A todo ello se sumó un precio atractivo o en abonos que la inglesa decidió ofrecer. En este emprendimiento se asoció con el tercer extranjero que mencionamos, Enrique Marcial Beale.


Fue en 1851 que Willie y Beale iniciaron trámites en el Ayuntamiento de la Ciudad para fraccionar el rancho de Nápoles. Los terrenos se vendieron como pan caliente desde el inicio.


En entrevista para Mochilazo en el Tiempo, el cronista Rodrigo Hidalgo comenta al respecto que “la inglesa Francisca Julia Willie, encargó al arquitecto Antonio Villard la creación de este ‘pueblo modelo’ ".


El asentamiento estaba dirigido a quienes buscaban vivir cómodamente en las afueras de la Ciudad de México, y contaría con un jardín central, iglesia, casa municipal y escuela lancasteriana, además de un camino directo a Tacubaya”.


Hidalgo, que conoce lecturas sobre el tema, agrega que según el libro “Formación y desintegración de la Hacienda de San Borja”, también de Carmen Reyna, para 1855 se habían vendido 22 terrenos y ya estaban trazadas varias calles que todavía conservaban su nomenclatura original en los planos de 1923.


Se sabe que la antigua avenida del Hipódromo es la actual Pennsylvania, mientras las demás calles iban cambiando en cada cuadra. De igual forma, Cincinnati, Suecia, Nueva Orleans y Baltimore corresponden a la actual Alabama, mientras Nebraska era conocida como Piamonte, Formosa y Venecia, señala Rodrigo.


Las calles y edificios más conocidos de la Nápoles

Rodrigo señala que la historia de la Nápoles continúa ya en el siglo XX: “Sin embargo, con excepción de la alameda, al parecer todas las manzanas permanecieron vacías hasta entrado el siglo XX, ya que en las fotografías de los años treinta apenas se ven algunos predios ocupados. Para entonces también se había lotificado el vecino Rancho de la Providencia, que hoy es la sección noroeste de la colonia y ya se había establecido el Parque de la Lama, un amplio jardín de uso particular que contaba con un pequeño lago”.


Un espacio así podría sonar inusual, en especial para quienes han transitado por las calles de la Nápoles en años recientes pero, lo cierto es que, por el contrario, se trata del mayor punto de referencia de esta colonia:


“[El Parque de la Lama] Desapareció a finales de 1966 para iniciar la construcción del Hotel de México, una torre de casi doscientos metros de altura que albergaría instalaciones de lujo, pensada para funcionar durante los Juegos Olímpicos”.


Hidalgo señala que el proyecto estuvo a cargo del arquitecto Guillermo Rossell con el apoyo financiero de Manuel Suárez, pero quedó inconcluso y sólo funcionó el restaurante que sirvió de escenario para conciertos de artistas como "The Police", Miguel Mateos o "Caifanes"


Un dato curioso es que en el vestíbulo del hotel lucía el mural “El mito del mañana”, del japonés Taro Okamoto, obra considerada perdida pero que fue rescatado y exhibido en Japón. Al final, una vez que el proyecto del hotel se descartó, la estructura se convirtió en el World Trade Center, un complejo comercial y de oficinas inaugurado en 1994.


No podemos olvidar la conocida nevería Chiandoni, siempre con clientela de todas las edades, ubicada en la calle de Pensilvania número 55. Fundada en 1939 por Pietro Chiandoni, inmigrante italiano, es emblemática de la zona, pues conserva el estilo vintage en su mobiliario y el menú de la carta propio de una cafetería y nevería de mediados del siglo XX.


Murales gigantescos y arquitectura modernista

“En la esquina de Insurgentes y Filadelfia se encuentra el Polyforum Cultural Siqueiros, recinto de múltiples usos que formó parte del plan original del Hotel de México y abrió sus puertas en 1971; el interior está decorado con el mural “La marcha de la humanidad”, de David Alfaro Siqueiros, considerado el más grande del mundo, y en la fachada se pueden ver doce páneles realizados por el mismo artista”, señala el joven cronista.


Rodrigo dice que la Nápoles que hoy conocemos se urbanizó en las décadas de 1930 y 1940. Por ello, el estilo que la caracterizó fue el colonial californiano, del cual se conservan algunos ejemplos en calles como Altadena, Louisiana o Minnesota.


Entre las primeras construcciones destacadas hay que mencionar el Hotel L’Escargot, que se encontraba en [las calles de] Oklahoma y Filadelfia. Este sitio es uno de los escenarios de la novela “Los años con Laura Díaz”, de Carlos Fuentes, y en su lugar se levantó un inmueble que ahora está ocupado por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios. “Sólo el sitio de taxis L’Escargot, en (las calles de) Montana y Louisiana, guarda la memoria de su existencia”.


No es de sorprender que un lugar tan influido por la actividad cultural de la ciudad viera vanguardias artísticas que habitaron y definieron sus espacios pues, como agrega Rodrigo:


“Más adelante llegó el auge del movimiento Moderno y se erigieron viviendas como la de Dakota 267, obra de Vladimir Kaspé, además de edificios habitacionales con diseños muy diversos, algunos de corte sencillo y otros más peculiares, como los de Chicago 34 y Arizona 39.


En esta corriente también destaca la parroquia de San Antonio de Padua, dedicada al religioso de origen portugués, ubicada en Pennsylvania 228 y concebida por Ramón de la Fuente y Daniel Sáinz en 1969. Consta de una amplia nave en forma de parábola con dos corredores laterales, así como vitrales de gran tamaño.


“El centro del barrio es la Alameda de Nápoles, uno de los pocos vestigios del viejo pueblo; en 1951 fue rebautizada para honrar al músico y compositor Alfonso Esparza Oteo, quien habitó la casa de Altadena 31, donde ahora hay departamentos”, concluye el cronista.


Sin duda el World Trade Center y el Polyforum Cultural Siqueiros son lo que caracteriza a esta colonia, así como sus parques, nombres de sus calles y la gran oferta de restaurantes. Si no la conoces, seguro te sorprenderás por la singularidad de su arquitectura y ambiente a toda hora.

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