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Julieta Venegas lanza 'En tu orilla'; “No quiero que se me olvide mi vida”


Julieta Venegas estuvo en México y durante su estancia se dio tiempo para buscar el balance que se ha propuesto llevar entre su vida profesional y la personal; así que además de hablar de En tu orilla, el tema que forma parte de su más reciente producción musical también encontró espacio para visitar a sus padres en Tijuana, e incluso para saborear chiles en nogada y tinga de pollo, dos de sus platillos preferidos, que no puede preparar en Buenos Aires, donde vive, por falta de ingredientes.

Alegre, emocionada y muy relajada, la cantautora habló de su intención por retomar su profesión, luego de la pausa voluntaria que decidió hacer cuando sintió que la velocidad que llevaba su carrera no era afín al sueño de la pequeña que a los siete años adoptó la música para compartir su sensibilidad y nutrir su alma.

¿De regreso a México o sigues en Buenos Aires?

De regreso en México, pero además estoy todo el tiempo también acá. No se han deshecho de mí; aunque sí, sigo en Buenos Aires.


¿Te ha traído un nuevo tema, estás retomando la música?

Sí, no tenía muy contemplado hacer un disco antes de la pandemia, estaba haciendo una gira, sola; después empecé lo del teatro (el monólogo que hizo en Argentina); estaba buenísimo, pero se vino la pandemia y empecé a escribir mucho, un poco para refugiarme de lo que estaba sucediendo. Era un rincón para desconectarme, y empecé a escribir y a escribir; me di cuenta de que me estaba encaminando para un nuevo disco.

Me junté con Álex Anwandter, el productor del disco, para preguntarle si le parecía que tenía suficiente material para un disco, y empezamos a trabajar. Me dijo: ‘Hay material, pero hay que trabajar’, y a mí me encanta, me gusta mucho que me pongan retos. Me dio una lista de detalles que había que trabajar en las canciones, fue un proceso muy rápido, grabamos casi todo el disco en marzo del año anterior y después tuvimos que esperar hasta noviembre para grabar las cuerdas, porque siete de las 10 canciones tienen cuerdas, es un montón. Ahora estoy muy feliz de tenerlo terminado y me gusta poder presentarlo así, canción por canción. Me he vuelto muy flexible después de la pandemia; antes era como: ‘Sacamos el disco, nos vamos de gira’.


Ahora todo va más tranquilo. De hecho, teníamos el disco y no lo sacamos, primero empecé a tocar un poco y tuve que cambiar unas fechas por lo mismo de la pandemia; he ido adaptándome a lo que va sucediendo.


La pandemia nos cambió a todos, ¿no?

Sí, mucho. A mí me volvió mucho más flexible. Ahora estoy en un show y si me falla el micrófono, digo: ‘Bueno, tampoco es el fin del mundo’. Aunque igual nunca fui muy traumada con eso; después de la pandemia, creo que nos tenemos que enfocar en lo importante. Y lo importante nunca van a ser los errores de la gente o un problema técnico. A final de cuentas es la posibilidad de hacer una gira, de hacer un show; yo lo agradezco un montón. Que mis papás estén vivos y sanos también lo agradezco, porque estuvieron muy mal en un momento. Por eso ahora digo: ‘Hay que ser felices, hay que hacer música, hay que disfrutar; no sé, pienso que sí me cambió en muchos sentidos.


¿También cambiaron los sueños, los retos, las prioridades?

En algún momento antes de la pandemia tuve una minicrisis; sentí que las cosas se habían puesto muy automáticas, en medio de ese remolino de disco, gira, disco, gira. Sentí que tenía que parar un rato y repensar, recalcular cómo quería seguir haciendo las cosas y cómo quería llevar mi carrera; sentí que tenía que priorizar mi relación con la música, que es muy profunda, porque es parte de quien soy yo.


Por eso no puedo bloquearme de esa parte, que adopté a los siete años cuando descubrí la música. Pero tiene que ser una relación muy cuidada, no solo trabajo.

Estoy muy contenta por esa pausa que tomé, después vino la pandemia y tuve tiempo para repensar todo, rearmar el equipo; ahora estoy con Altafonte, la figura disquera soy yo. Digamos que soy la capitana de mi barco, y eso me gusta mucho porque todo es en otro tamaño, es más chico, es lo que estoy dispuesta a dar. No es como que me despido de mi vida (personal) para sacar un disco; ahora puedo estar en mi casa, con mi hija, tengo mis amigos, mis relaciones, es balancear todo en la mezcolanza de cosas que quiero cuidar.


En esa perspectiva tiene mucho que ver la madurez, ¿no?

Sí, yo priorizo que todo tenga su lugar, no convertir todo en música y tampoco eliminarla; es ir buscando la manera de que todo se acompañe y tenga balance. Tomo vacaciones, fui a Tijuana con mi hija a ver a mi familia, hago cosas que antes no me permitía, porque decía: ‘Es que no tengo tiempo’. Y ahora digo: ‘A nadie le va a pasar nada porque yo me tardé un año más en sacar un disco’. No pasa nada. Y la verdad, lo que construí antes, los años de carrera que hice a todo lo que da, me dan la posibilidad de tomar otras decisiones.


Ahora lo quiero hacer de otra manera, porque gracias a que tengo un sostén que viene de esos años de mucho trabajo, puedo permitirme hacer cosas que sí quiero y decir no a otras; incluso hacer shows gratis si se me antoja. Puedo hacer cosas chiquititas. Por ejemplo, ahora que estoy en Buenos Aires, tengo unas amigas que tienen una librería y digo: ‘Quiero hacer un show yo sola ahí ante 50 personas’. Y lo hago. Y me voy de gira o me tomo vacaciones con mi hija, o les llamo a mis amigas y les digo: ‘¿Qué onda, nos vemos?’, porque también es importante cuidar eso. Tener el equilibrio entre esas cosas.


¿Cómo ves la industria musical, la inmediatez, las diversas plataformas, el surgimiento de tantos cantantes, la diversidad de colaboraciones?

Yo procuro moverme de la manera más genuina posible, como sienta que puedo participar. Me encantan las plataformas digitales, yo que soy una curiosa de la música, me interesa un montón a dónde va; la posibilidad de que un artista que hace una canción desde su casa en Buenos Aires sea fenómeno mundial, o que una chava que hace una cosa súper rara, que toca en su cuarto y canta, de repente la escuchen en Francia, me encanta, me parece un fenómeno muy interesante.


Además, no hay una regla que dicte cómo escuchar música, porque la industria está cambiando constantemente. Yo tengo una hija de 12 años que nunca ha escuchado un disco completo. A ella le gusta escuchar música a su manera, en sus espacios, con audífonos, empezó escuchando en Spotify y no le gusta el pop. Veo lo que está pasando con las nuevas generaciones y el efecto que tiene la inmediatez de los nuevos sistemas por los que llega la música y lo celebro.


¿Te tienes que adaptar para llegar a las nuevas generaciones?

Sí, además hay que relajarnos un poco con eso, porque a todo mundo nos ha tocado adaptarnos; a todos nos ha tocado decir: ‘Ahora cómo le hago en este lago’, pero es parte de la vida que nos obliguen y nos estimulen a cambiar, porque nada se puede quedar quieto, y menos la música. Y lo más importante es que por más que se muevan las maneras como la escuchamos, la música sigue muy viva, sigue siendo necesaria; la gente necesita escuchar música, por eso va a los conciertos, la oye en las plataformas.


A mí, que la hago, me parece muy interesante y estoy súper intrigada de saber hacia dónde va. Me gusta, no extraño cuando hacíamos discos, yo que soy antigua y hacía el disco, pero igual me gusta sacar una por una. Me parece bonito que cada canción tenga su video y su espacio. Hay que estar abiertos, hay que mantener la curiosidad, no te puedes pelear con las nuevas maneras.


¿La inspiración y tus sistemas de creación se han modificado?

Puede ser, a mí me gusta mucho hablar de amor, me voy a los alrededores del amor, pero las historias sí han cambiado mucho; ahora puede que hable de las relaciones de otra manera o que me inspire en otras cosas. Por ejemplo, la canción que estoy estrenando es una historia que ya terminó y le estás pidiendo a esa persona que te guarde en algún lugar. Es otro tipo de historia, a lo mejor sí es madurez, porque ya sabes que pasa el tiempo y que las personas pasan por tu vida; a lo mejor eso a los 21 años no lo hubiera escrito, van cambiando las temáticas. Hay canciones que las veo como un retrato de lo que yo era hace 10 o 20 años. Ahora es tiempo de escribir otras historias.


¿Qué hay de la experiencia del monólogo (La enamorada) que hiciste en Buenos Aires?

De momento se truncó ese proyecto, íbamos a salir de gira, pero llegó la pandemia; estamos hablando todos los que participamos en el monólogo para vernos, pero solo para rescatar nuestra amistad.

¿Te gustó la experiencia de actuar?

Sí, me enseñó un montón y, de alguna manera, me regreso a la música; quizás algún día vuelva. Lo que me gustó mucho del teatro es que era hecho en cooperativa. Yo me iba al teatro y volvía a mi casa en metro, fue una gran experiencia hacer teatro para 200 personas, era una miniatura, no podía desconcentrarme porque nunca lo había hecho, era como una forma de meditación. A lo mejor algún día lo vuelvo a hacerlo, no creo que el mismo monólogo, capaz que otro proyecto.


Ahora estás retomando la música, ¿hay nervios?

Siempre estoy luchando contra mi propia inseguridad, porque no sé qué va a pasar, pero también digo: ‘Si no lo disfruto a estas alturas de mi vida, cuándo lo voy a disfrutar’. De aquí a diciembre voy a tener muchas cosas; luego paro, y en enero me voy de vacaciones con mi hija a Madrid, y luego quiero ir a Corea. Es ir buscando acciones que sean estimulantes y que también tengan que ver con otras cosas. Cuando saqué mi último disco, Algo sucede, y terminé una gira de tres años me sentí muy quemada y me asusté, porque dije: ‘No puedo perder esto, no puedo convertirlo en un trabajo cien por ciento, tiene que ser algo que siga disfrutando’. Ya no tengo ganas de comerme el mundo, tengo ganas de tocar, de disfrutar, de seguir conquistando gente, pero también quiero que no se me olvide mi vida.


¿Qué otras pasiones tienes?

La literatura, soy una lectora voraz, leo muchísimo, y me encanta; soy muy curiosa y siempre encuentro muchos mundos, realmente pienso que me convertí en compositora porque me enamoré de la literatura. Me gusta muchísimo el cine, y el teatro no se diga. Y la comida, me gusta mucho cocinar. Me he vuelto más cocinera después de la pandemia. Extraño mucho los sabores mexicanos en Argentina, porque allá no hay mucha materia prima. Aunque ahora estoy disfrutando también de la comida coreana, que tiene lo picante y lo ácido de la mexicana; estoy aprendiendo a cocinar mucho, invito a mis amigas y les hago comida coreana y cuando consigo ingredientes, hago mexicana. Me gusta el encuentro con la gente que propicia la cocina.


¿Cómo has visto la integración de más mujeres a la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM)?

Me parece muy atinado de parte de la SACM que empiece a apoyar y a resaltar el trabajo de mujeres compositoras, porque también es inspirador para las más jóvenes; creo que hay que empezar a plantar antecedentes, porque tenemos grandes compositoras, pero no ha habido continuidad. Tuvieron que pasar varias generaciones para que resurjan y resalten más, también porque por mucho tiempo la industria no sabía dónde acomodar el trabajo de las mujeres, porque era más fácil entender a una mujer desde su físico y cantando canciones que eran de una manera; eso tiene mucho que ver con Televisa y con una estructura que se basa mucho en la imagen. Pero ya empieza a haber otras maneras.

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