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¡En esta esquina...! cine de barrio bravo


El arte de dar y recibir moquetes en un tema viejo y muy aceptado en el cine mexicano. Desde que los abuelos se asomaban a las enormes salas en los barrios donde personajes en blanco y negro buscaban salir de la miseria a base de guamazos. La vida arriba y abajo del ring, el barrio bravo, las injusticias, el perdedor y la mamacita enferma.


Si el pueblo ya tenía ídolos para adorar como Chango Casanova, Juan Zurita y Joe Conde (¡qué trilogía!), había que plasmar las historias del boxeo en el llamado séptimo arte. La comunión entre el cine y vivir de los trancazos en México nació en los años 40, cuando el director Alejandro Galindo decide plasmar la vida del Chango Casanova en los huesos de David Silva (Campeón sin corona, 1945). Silva realiza el papel de un nevero de barrio que un día es descubierto peleando en la calle por el Tío Rosas (Carlos López Moctezuma) quien lo entrena para ser campeón. Como el nombre lo indica, es la historia de un perdedor (cómo nos gusta sufrir), quien se achica ante un boxeador gringo y regresa a vender sus nieves.


Sí, los mexicanos somos buenos para el drama, el alboroto, el llanto y las canciones. Y si no, habría que volver a los tiempos de Pepe el Toro (Ismael Rodríguez, 1952), cuando Pedrito Infante se dedica a la carpintería y la vida lo lleva a subirse al ring. Un dramón, pues a Pepe lo invita un amigo de la infancia llamado Lalo Gallardo (Joaquín Cordero) a pelear y, por cosas del destino, el carpintero que canta mata a su amigo en el cuadrilátero. Hay un tercero con guantes: Wolf Ruvinskis, el malo en el cine mexicano, termina aporreado por el papá de Chachita.


El país se llenó de grandes pugilistas y campeones, algo que algunos directores quisieron aprovechar para convertirlos en intérpretes de ellos mismos. Así aparecieron Kid Azteca y Chango Casanova (El gran campeón, 1949), Raúl Macías (El Ratón, 1954), el Púas Olivares, Rafael Herrera, Famoso Gómez y Ratón Macías (Llanto, risas y nocaut, 1974), el Gato González, Raúl Macías, Kid Azteca, Ultiminio Ramos, Chango Casanova, Pajarito Moreno y Carlos Zárate (Buscando un campeón, 1980).


Mención aparte, Las glorias del gran Púas (Roberto G. Rivera, 1984), reportaje novelado del escritor y periodista mexicano Ricardo Garibay. La película queda a deber, pues fue un recurso con intención taquillera. El libro es exquisito, en el que Garibay plasma la vida del campeón abajo del ring, tras vivir unos días a su lado.


Pido permiso para regresarme a los años 50, época en la que Joaquín Pardavé se viste de mánager para asistir en la esquina a un boxeador de barrio y de pocos músculos (Fernando Fernández). El mánager Pardavé pone cara de preocupado porque a su peleador se le escapa la victoria: “Mira cómo te han dejado, te dije que era mucha pieza para ti”. Se trata de otro drama de barrio mexicano (Mi campeón, 1952) en el que el director Chano Urueta dibuja a una madre mexicana que sueña con que su hijo tenga éxito en la vida, pero nunca arriba de un ring.


Aunque la hace de panadero enamorado, Tin-Tan tiene una escena divertida con el enano Tun Tun (¡Ay amor, cómo me has puesto!, 1951), donde ambos se ponen los guantes. Los cómicos de aquellos años presumían de tener un buen gancho, como lo hizo Cantinflas (Boxeador, 1940), amigo de pugilistas de carne y hueso.


Como Urueta, otros directores mexicanos decidieron atacar el tema del boxeo pero con actores reconocidos. Ahí está El boxeador (Gilberto Gazcón, 1958) en el que el primer actor Joaquín Cordero se pone los guantes para interpretar a un campeón que pierde el título y la vida en manos de su propio hijo. Es Kid Relámpago y está enfermo del corazón.


Otro que muere tras la gran pelea es Javier Solís (Campeón del Barrio, 1964), en una película en la que la Chamaca de Oro, Sonia López, aparece como la enamorada del también cantante de boleros y rancheras. Él es chofer y ella atiende una fondita. Ella triunfa en un centro nocturno, mientras él agoniza en el vestidor de la arena. Drama dirigido por Rafael Baledón.


El boxeo en el cine no está exento de mafiosos, crímenes, balazos y mujeres malas. Es la visión de jóvenes directores como José Luis García Agraz y Beto Gómez. El primero toma a Gonzalo Vega y Blanca Guerra (Nocaut, 1954) para contar una historia en la que un muchacho prospecto al título llamado Rodrigo es traficante de drogas y comete un crimen. Mientras huye, recuerda momentos arriba del ring y el amor con una bailarina.


Gonzalo Vega se vuelve a subir al cuadrilátero (Ángel del Barrio, 1981), en la historia de un pugilista retirado, conocido como Patada de Mula, quien se siente culpable por haber matado a su oponente en la última pelea. Para ayudar a la viuda, el peleador trabaja como masajista en un gimnasio y vende globos los domingos. Un trabajo del Perro José Estrada.


Beto Gómez (Puños Rosas, 2004) narra la historia de Jimmy Morales, un joven boxeador que ayuda en el negocio familiar (funeraria) que suele ser frecuentado por mafiosos. Jimmy es testigo de un crimen y, por cosas del destino, cae en la cárcel y se encuentra al matón. Hay más balas que trancazos.


La vida de Julio César Chávez es retratada en un documental dirigido por Diego Luna (JC Chávez, 2007), donde aparecen personajes como Mike Tyson, Óscar de la Hoya, el polémico empresario de box Don King, la velocista Ana Gabriela Guevara y el expresidente Carlos Salinas de Gortari.


Bajo el frío perpetuo de Finlandia (Bayoneta, 2018) Luis Gerardo Méndez le da vida a un boxeador tijuanense que se aleja del ring y de su familia, tras una derrota personal y profesional. La metáfora de caer y levantarse cuantas veces sea necesario, bajo la dirección de Kyzza Terrazas, cineasta mexicano nacido en Kenia.


Por último, mencionar a Omar Chaparro (Como caído del cielo, 2019) quien se convierte en Pedro Infante y se sube al cuadrilátero, recordando una de las pasiones del ídolo de nuestras abuelitas. Película dirigida por Pepe Bojórquez.

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© 2020 ZECTOR51 . Creado por Caro Ramírez

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