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  • Foto del escritorZector 51

¡El verdadero amor va más allá del físico! Esta leyenda mexicana lo demuestra


La ciudad de México, conocida como “la ciudad de los palacios”, es una de las urbes más antiguas de América Latina, motivo por el que sus calles y avenidas están repletas de leyendas que hasta hoy en día siguen vivas y erizando la piel.


Una de ellas, y en la que se envuelve una historia de amor, sangre y misterio, es la leyenda de “La Quemada”, una misteriosa narración que muestra que el verdadero amor va más allá de la atracción física y que incluso puede trascender el tiempo.

Antes de comenzar con la leyenda, cabe preguntar: ¿Qué serías capaz de hacer por amor? ¿Cuándo te enamoras lo haces por el físico o te enganchas por la forma de ser y sentimientos?


La Calle de la Quemada

Una de las leyendas más importantes y conocidas de la Ciudad de México, es aquella que data desde la época colonial y la cual se sigue contando en la calle 5a. Calle de Jesús María en el Centro Histórico, también conocida como “La calle de la Quemada”.


Es en esta calle ubicada entre Soledad y Corregidora, a unos metros del Palacio Nacional, a escasos pasos del Templo y Convento de Jesús María, se encuentra la famosa “Calle de la Quemada”, lugar donde ocurrió una trágica historia de amor.


Según se cuenta, durante la época colonial, por allá del siglo XVI, llegó a vivir a este lugar procedente de España una hermosa joven de 20 años, cuya belleza no tenía comparación.


Fue debido a esta belleza deslumbrante la que generó que muchos hombres la pretendían, pues más allá de la riqueza de su familia, su hermosura valía, para más de uno, más que miles de lingotes y joyas.


Se dice que la joven llamada Beatriz tenía rostro hermoso y de una blancura de azucena, enmarcado en abundante y sedosa cabellera que le caía por los hombros y formaba una cascada hasta la espalda, pero su belleza no solo era en su exterior, pues se dice que Beatriz era por demás bondadosa, pues era capaz de desprenderse de su joyas más valiosas para ayudar a los más pobres y necesitados.


Todos estos atributos propiciaron que varios hombres pidieran su mano en matrimonio, pero ella nunca aceptó a pesar de que la mayoría de sus pretendientes provenían de las familias más acaudaladas de la época.


Un día a la ciudad llegó un acaudalado caballero italiano, el cual al ver a la hermosa doncella se enamoró perdidamente de ella, pero los celos y el temor por que algún otro hombre la cortejara llevaron al joven Martín de Scúpoli, marqués de Piamonte y Franteschelo, a impedir que cualquier sujeto se acercará a la casa de la bella joven.


Esto derivó en que el marqués y sus rivales de amor se enfrentarán en sangrientos duelos, mismos que cobraron la vida de decenas de hombres.


Al enterarse de esto, la hermosa Beatriz se sintió invadida de tristeza, que la orillo a tomar una drástica y dolorosa decisión. Así, una noche después de rezar ante la imagen de Santa Lucía, virgen mártir que se sacó los ojos, tomó la decisión de colocar carbón en un brasero al que le prendió fuego para luego hundir su rostro en las llamas.


El grito de dolor que la mujer dio tras su acto fue estremecedor, incluso muchos de los habitantes de la zona actualmente aseguran que aún se puede escuchar: Tras recuperarse del fuerte shock que las quemadoras le provocaron la mujer explicó que tomó esa decisión con la intención de que el marqués de Piamonte dejara de amarla y así terminar con las peleas para siempre.


Marqués de Piamonte la amo por su ser y no por su físico

Tras enterarse de lo que había ocurrido, el marqués de Piamonte acudió al hogar de la hermosa dama a la que encontró con espantosas heridas causadas por el fuego y que acabaron con su belleza, al grado de que la encontró con su rostro cubierto por un velo negro.


Motivado por la curiosidad el hombre levantó el velo y quedó atónito al ver la cara de la mujer completamente chamuscada, pero lejos de rechazarla la tomó de su mano y se arrodilló ante ella y dijo:


"Beatriz, yo no te amo por tu belleza física, sino por tus cualidades morales, eres buena y generosa, noble y tu alma es grande”


Con estas palabras el acaudalado hombre demostró que su amor era mucho más grande que solo la atracción física por lo que ambos lloraron de amor y de ternura.


En la actualidad los habitantes de la zona cuentan que aún se pueden escuchar los gritos de dolor de “La Quemada” y en algunas ocasiones hay quienes dicen que han visto a altas horas de la noche a una mujer deambular por la 5a. Calle de Jesús María cubriendo su rostro con un velo negro.

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