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Detrás de ‘Let It Be’


Lennon jamás estuvo satisfecho con el tema escrito por Macca y uno de los más celebrados de la historia de la música británica.


¿Cómo entender, a 50 años de distancia, ‘Let It Be’, disco final de The Beatles? Quizás como el símbolo del ocaso de una alquimia irrepetible en el mundo del rock, un truco de magia de un grupo que ya estaba desmoronado, una rocambolesca producción que, a medio siglo, aún tiene mucho por contar.


Hacia finales de 1968 las fricciones entre John Lennon y Paul Mccartney se incrementaban, George Harrison estaba en plena búsqueda mística y se dedicaba a producir a otros artistas, y Ringo Starr no cesaba en considerarse menospreciado en su papel de baterista.


Lennon, una de las dos principales cabezas creativas, además, estaba entre dos intoxicaciones: la de las drogas duras y la provocada por su infatuación amorosa con Yoko Ono.


Por petición de Mccartney, el Cuarteto de Liverpool se metió en enero de 1969 en los Twickenham Film Studios y en el estudio de las oficinas de su discográfica, Apple, para tratar de sanear diferencias y demostrar que mantenían el fuego adentro.


‘Across the Universe’, ‘The Long and Winding Road’, ‘Get Back’ y ‘Let It Be’, himnos del perenne cancionero de los Fab Four, salieron de esas sesiones, ejes del disco más laborioso y controversial de The Beatles.


Irónicamente, Lennon jamás estuvo satisfecho con ‘Let It Be’, tema escrito por Macca y uno de los más celebrados de la historia de la música británica.


Paul había llegado a los estudios ese enero con la canción, asegurando que había sido inspirada por un sueño en el que se le apareció su fallecida madre.


Sus alusiones religiosas dejaron descontento al creador de “Imagine”.


“No tiene nada que ver con The Beatles”, dijo Lennon en una entrevista en 1980 con el periodista David Sheff.


“Paul pudo haberla hecho para (su banda postrera) Wings. No sé qué estaba pensando cuando escribió ‘Let It Be’”.


Las intenciones eran que el disco tuviera un sonido desnudo, sin artificios, un guiño a su rock de antaño que hiciera olvidar los fuegos pirotécnicos de recientes producciones.


Los ensayos y las grabaciones fueron seguidos por cámaras de filmación, que hastiaron a los músicos y los sumieron en incomodidad, captando incluso una disputa entre Paul y George.


El corolario de ese mes fue el histórico concierto en la azotea del edificio Apple, interrumpido por la Policía tras cinco canciones debido a quejas de vecinos, pero que se convirtió en mito de la cultura pop.


Glyn Johns (Rolling Stones, The Who, Led Zeppelin), ingeniero de sonido, entregó mezclas que no obtuvieron la aceptación unánime del grupo ni del manager Allen Klein, y fueron retrabajadas por el hoy convicto Phil Spector, quien a su vez colocó arreglos orquestales... que Paul repudió (principalmente en “The Long and Winding Road”).


El álbum se publicó el 8 de mayo de 1970, un mes después de que Mccartney anunciara su separación del grupo y lanzara su placa homónima como solista. En diciembre de ese año su álter ego estrenaría John Lennon/plastic Ono Band.


Curiosamente, el disco ‘Abbey Road’ fue grabado después, durante 1969, pero había salido a tiendas ocho meses antes.


La historia no terminó ahí: en 2003 el disco se volvió a lanzar como ‘Let It Be. Naked’, en una edición tal y como la había concebido Paul... sin los adornos de Spector. El cantautor seguía obsesionado, pasado tanto tiempo, con ese material.


Para este otoño, los beatlemaniacos aguardan con ansias el estreno de un documental de Peter Jackson (El Señor de los Anillos), que presume tener material nunca antes visto de las sesiones de grabación.


A ‘Let It Be’ aún lo acompañan puntos suspensivos.

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