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Axl Rose, el ícono rockero que se volvió caricatura


En algún momento ocurrió que Axl Rose empezó a ser juzgado por su apetito para la (auto)destrucción. Lo logró con comentarios inapropiados, cirugías plásticas y panzas aún más inapropiadas tratándose de un sex symbol. Habría que ponerle los puntos a la hipocresía: todo el tiempo bla blá con que lo importante es la sustancia, "el alma" del ser humano, cuando en realidad somos víctimas (¡todos!) de la feroz pandemia material.


Seguramente Axl esté tan loco como antes, pero se volvió un blanco perfecto de la prensa por su adicción al botox, su barriga cervecera y esos mofletes de gordo seboso que dan vueltas por la web.


Fue el primer rockero en hacer 300 kilómetros de escenario en sus primeros diez años de carrera. En los '90 volaba, tenía el vértigo que sólo habíamos advertido, en otra disciplina, con el pugilismo de Mike Tyson.


Verlo actuar masticando las palabras como si tuvieran carozos. ¡Y esa mandíbula de pitbull apuntando al micrófono! Un recital de Axl Rose era lo mismo que estar con tu novia gimiéndote una y otra vez al oído la palabra "sexo". El shortcito, la camisa leñadora anudada a la cintura, las mechas flamígeras al viento, aquel pañuelo, la gorra de béisbol, los anteojos de sol… Era tan apuesto Axl que no te intimidaba para nada rebajar tus hormonas masculinas.


Ahora él y Charly García se parecen, y eso está muy pero muy mal. Nos importa saber de Axl por una sensación de estafa a mitad de camino entre el consumo irónico y otro más popular: el consumo morboso. Tampoco es culpa del rock, pobrecito, tan limitado a la "forma" de sus artistas, que sólo es capaz de llamar la atención por su actitud. Y la actitud, se sabe, es como un enorme colador cerebral: “¡Mirá como toca!”.


Irreconocibles. Mickey Rourke y Axl Rose coincidieron en una velada de boxeo en el Staples center de Los Angeles, fueron fotografiados, y la imagen dio qué hablar.


Ahí está clave, ahí está todo. Al rock se lo mira y al bueno de Axl lo miramos sin parar para tratar de adivinar las inyecciones de botox que ponen lozanía allí donde a los 58 años bien podrían existir unas cuantas arrugas.


De las últimas 19 noticias sobre Axl, no hay ninguna que hable de su música ni de su voz huracanada. Lean estos titulares y sepan lo que ustedes, como lectores de guiones chismosos, han querido saber acerca del magnífico cantante de Guns N'Roses: “Axl Rose insultó a un alto funcionario de Estados Unidos”, “Axl Rose quiere que borren las memes donde aparece gordo”. Que “estrena un nuevo corte de pelo, que “luce su rostro hinchado como el de Mickey Rourke”.


Y esta es buenísima: las diez fotografías de los músicos más “destruidos” por la droga y el lifting. ¿A que no saben quién lidera la tabla? Sí, y después viene el jeroglífico fisonómico de Keith Richards.

2016 es el año de la probable debacle pública de Axl Rose. Una fotografía donde se lo puede ver con un buzo Nike color rojo y una bebida de irreconocible contenido. Es una imagen tierna y diurna, él abrazando a una jovencita de pelo ensortijado que tiene pinta de fan. El epígrafe, lejos de ser amoroso, parece escrito por Cruella de Vil: “Juzguen ustedes mismos”, dice seco y despiadado. Al momento de ese retrato, Axl llevaba aproximadamente dos años y medio sin aparecer en los medios.


Se lo ve lampiño y sereno en sus mejillas botoxicadas. También fofo más que gordo y con una gorra de polar que deja asomar la vincha que lleva puesta desde que grabó Welcome To The Jungle.


Appetite for Destruction, de 1987, fue uno de los álbumes más exitosos de Axl Rose y los suyos. El chiste más recurrente ahora tiene que ver con el título de ese disco haciendo pareja con su ominoso juego del hambre. Ok, la noticia recurrente es que el tipo está gordo. Y sí, es verdad, a un millón de años luz de su soberbio comienzo, hoy costaría verlo envuelto en la falda escocesa.


“Recientemente apareció en el evento Rock In Río, donde quedó claro que ha aumentado muchísimo de peso”, publicó el Chicago Tribune en octubre de 2011.


El declive físico se captó decenas de veces. Los medios nada más nos cansamos de hacerle bullying a su silueta cuando él aparece con alguno de sus comentarios racistas, acaso una forma, una estrategia, de distraernos de las apariencias. Raro ¿no? Su costado prejuicioso y homofóbico viene latiendo fuerte desde One in a Million, de 1988: “Inmigrantes y maricones/No tienen sentido para mí/Vienen a nuestro país/Y piensan que harán lo que quieran”.


One in a million es un tema que se incluyó por primera vez en su EP de 1988 N’R Lies, y que se lanzó tras Appetite for Destruction. Racista y homofóbico, el tema alcanzó el número dos en las listas de EE.UU vendiendo la friolera de cinco millones de copias.

Play VideoLA CAIDA. Axl Rose, mientras interpretaba "Knocking on heaven's door".

Al cantante se le acusó de abusar de sus parejas. Por ejemplo de la bella Erin Everly, musa inspiradora en la canción Sweet Child O' Mine, y también de Stephanie Seymour, su novia entre 1991 a 1993. Entre paréntesis, las mejores chicas del rock y adyacencias las tuvo Axl Rose. De todos modos, cuando estábamos investigando sobre la denuncia, se nos cruzó una foto de Axl con rastas a lo Bob Marley, y perdimos la brújula.


Una noche de 1989 Erin Everly dijo “basta” y se fue a casa de sus padres. Axl la siguió. Iba calzado. Puso un arma en su sien y afirmó que tiraría si ella no se casaba con él. Poco después ambos partieron en una limusina hasta Las Vegas, donde se juntaron el 27 de abril de 1990. ¿Pero qué alegría podía durar a punta de pistola? Menos de un mes estuvieron casados: “Erin fue el gran amor de mi vida, me separé precisamente por eso, porque la amaba tanto que me hacía sufrir mucho”, explicó el cantante.


Erin quedó embarazada, “pero Axl gozaba lustrando el piso con su mujer” y mientras la tomaba de los pelos, la modelo habría perdido un embarazo.

“¿Por qué los negros pueden llamarse ‘negros’ entre sí pero está mal cuando un blanco lo hace?", se preguntaba Rose en otra charla con el periodismo. "No me gustan los límites de ningún tipo. No me gusta que me digan lo que puedo o no puedo decir. La palabra nigger no significa necesariamente ‘persona negra’”, se defendió.


Todos y cada uno de los Axl Rose parecen desprenderse de la lectura que se hace de sus canciones. Sin embargo, hasta Elton John salió a ponerle el pecho a los balines, contando un frugal encuentro que tuvieron en 2017: “Nunca, ni en un millón de años, he pensado que Axl Rose sea lo que dicen que es. Lucharé por cualquiera que haya incomprendido sus palabras y lucharé con los idiotas que las hayan tergiversado”. 


En todas estas décadas de fama, Axl no debe haber hablado más de dos oraciones por año con la prensa. Como Salinger, es de esos artistas de clausura que viven alejados, pero que cada tanto necesitan ir al supermercado, y ahí, entonces, se cruzan con los paparazzi que viven de hacerle fotos a virtuosos que rehuyen de la notoriedad.


Antes de ser este señor de casi 60 años, a sus 49 la crítica especializada ya hacía foco en una figura que, comprensiblemente, no lucía tan bien como a los vientitantos. “Muchos otros músicos de su edad, como Tommy Lee (Mötley Crüe) mantienen un cuerpo similar al de su juventud”, lo comparaban en un diario norteamericano. “Incluso hay artistas bastante mayores que Axl con aspecto envidiable, como Sting, de 60 años, quien es experto en atletismo y yoga”.


Ingratos todos nosotros con un rockero -de los pocos- que se ha mostrado desinteresado en acceder a geriátricos tales como el Salón de la Fama. “Si bien Axl Rose agradeció al Salón de la Fama del Rock, descartó su presencia", se leyó a través de un breve comunicado.


En el libro Watch You Bleed: The Saga of Guns N' Roses (2008), el biógrafo Stephen Davis corre la cortina para dejarnos pasar a su estadía con la banda, un oscuro enclave donde los integrantes se reunían con prostitutas, rufianes y traficantes. "Vendíamos drogas, vendíamos chicas. Si uno de nosotros estaba en el departamento y estaba teniendo sexo con una de ellas, nosotros sacábamos lo que podíamos de sus carteras", contó Izzy Stradlin, ex segunda guitarra del grupo.


Las inestables conductas de Axl Rose también comprendían otras locuras, partiendo de la base de un seudónimo que no es otra cosa que un anagrama de “oral sex”.

Proveniente de la recóndita Lafayette, Axl llegó a Los Ángeles para ser coronado como heredero de los misterios de Led Zeppelin y del encanto irritante de los New York Dolls. En 1991 se arrojó de un escenario para cagar a trompadas a su plomo, que estaba tomando fotos entre el público.


“Solía ser una persona que se enojaba por todo, si algo me sacaba de quicio simplemente destrozaba todo lo que tenía a mi alrededor, golpeaba a alguien, y me iba”, contó con naturalidad rockera.


Pero no perdamos la chance de volver a sus facciones confusas y malformadas. Hay una serie de leyendas alrededor de estos otros excesos. Que se sometió a una rinoplastía, que se puso implantes de pómulos, que además se hizo un “lifting“ y que, cual Michael Jackson, se sometió a múltiples procedimientos para cambiar el color de su piel hacia un tono más rosado que el de un peluche.


Axl Rose arrastró la reputación de violento hasta que salió a decir que en su infancia había sido abusado sexualmente por su padrastro, y que su madre no quiso saber nada sobre el tema.


William Bruce Rose Jr., tal su nombre original. Cantante, compositor y pianista de Guns N’ Roses, la banda que ostenta el título de “Álbum debut mejor vendido”: Appetite for destruction alcanzó el número uno en la lista Billboard en 1988 y hasta hoy vendió unas 28 millones de copias en todo el mundo.


Pero la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿Creen que Axl Rose sea un incondicional de las cirugías plásticas o que sólo tiene buenos genes para sus 58 años?

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© 2020 ZECTOR51 . Creado por Caro Ramírez

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