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Así fueron las embarcaciones que usaron los españoles para derrotar al imperio mexica hace 500 años


Un total de 13 embarcaciones de dos mástiles, bauprés y velas latinas, que contaban con un falconete (pequeña pieza de artillería que arrojaba balas de hasta de kilo y medio) en la proa para disparar, así como ballesteros y arcabuceros en los lados, sirvieron a los españoles para derrotar al imperio mexica hace 500 años.


Los bergantines usados en el asedio naval a México-Tenochtitlan, debieron tener, en promedio, 12 metros de eslora (longitud desde la proa a la popa), 5 metros de manga (la mayor anchura de una embarcación), 60 centímetros de calado (profundidad de agua necesaria para flotar) y 50 centímetros de alzado (medida desde el agua al casco), además de que eran propulsados a velo y remo.


El modelo pertenece al investigador de la Universidad del Tepeyac, Arturo Montero García, quien lo concibió junto con los diseñadores gráficos y artistas de 3D Jesús Gerardo Medina y Thomas Filsingeel, basados en referencias históricas como cartografía antigua y estudios de arqueología experimental.


La investigación del especialista refiere que el asedio a Tenochtitlan y Tlatelolco es la batalla naval librada a más altitud de la historia antigua: a dos mil 250 metros sobre el nivel del mar y es la primera en tierras continentales de América.


Los bergantines fueron embarcaciones ligeras, construidas con la tala de árboles de La Malinche (volcán Matlalcueye), mientras que el resto de los insumos llegaron de la Costa del Golfo, además de que Hernán Cortés mandó cuatro naves a La Española (Santo Domingo) para comprar más materiales.


“Hablamos de una proeza que requirió 333 kilometros de recorrido, cruzando partes a tres mil metros sobre le nivel del mar, del puerto de Quiahuiztlán, en Veracruz, hasta Texcoco. El traslado de los bergantines se resume en la siguiente numeralia: ocho kilómetros de largo la columna, mil cargadores, ocho mil elementos de custodia, cuatro días de traslado y cien kilómetros de trayecto, solo de Atempa a Texcoco, cuando ya estaban armados”, dijo al participar en el coloquio “Visión antropológica de la conquista del Cemanáhuac”.


En algunos códices, agregó, “se observa a un jerarca tlaxcalteca, posiblemente Chichimecatecuhtli, dando instrucciones a un carpintero europeo, lo cual revela que existían líderes indígenas en la causa, y hubo una aportación de parte de ellos sobre la tecnología mesoamericana utilizada en la navegación, aunada al conocimiento del sevillano Martín López, encargado de la construcción de los navíos”.


Mediante herramientas de la arqueología experimental también se ha concluido que Texcoco no solo albergó el astillero, sino que debió construirse un canal (todavía observable en mapas de mediados del siglo XIX) para compensar los 10 metros que tenía esta ciudad por encima de la altitud del lago. El dique para bogar las naves y que contaba con esclusas debió medir 2.5 km de largo, cuatro metros de ancho y otros cuatro de profundidad.


“Toda una obra de ingeniería levantada con mano indígena. Esta batalla naval del lago de Texcoco requirió de las estrategias de la ingeniería para resolver problemas como echar al agua a dos mil 250 metros de altitud, los 12 bergantines artillados (uno fue desechado) que se desplazaban por vela y remos, con el apoyo de miles de canoas indígenas”, consideró el investigador.

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